Nunca es tarde para ser felices

Amour
Teatre Municipal, 22 de febrer de 2019

Foto: Guillermo Casas
Foto: Guillermo Casas

Ya cuando entramos, los actores nos esperan en la platea. Aunque con otra vestimenta, son los mismos protagonistas, que al inicio del espectáculo nos invitan a ver la historia que se va a contar. Uno de ellos nos irá guiando como narrador hasta el final de la obra, aunque siempre sin decir una palabra.

La compañía Marie de Jongh nos pone delante de una pieza de máscara completa. Tales máscaras representan dos etapas vitales, que son aquellas que más nos marcan: la infancia y la vejez. Los cuatro personajes se expresarán únicamente con el movimiento, ayudados de los sonidos y la música que el compositor creó de manera especial mientras observaba el desarrollo de la trama. Estos sonidos están totalmente acertados, y resultan del todo significativos para comprender lo que está pasando en cada momento. La escenografía, aun siendo muy sencilla, favorece mucho al desarrollo de la historia: el tipo de hogar que se representa es crucial para entenderlo. Los elementos que van apareciendo también son clave. Todos tienen una función indispensable por banales que puedan parecer. El vestuario es muy original y plasma de forma atinada éstas dos etapas tan distantes entre sí.

Foto: Guillermo Casas
Foto: Guillermo Casas

Amour cuenta una historia de amor, aunque no una cualquiera. Dos niñas juegan a ser pareja imitando a los adultos: se conocen, se enamoran, se casan, construyen su casa y tienen un “hijo”. Con sus tizas van modulando y creando su realidad como a cada una mejor le viene, y ahí empiezan los desacuerdos. Se pelean, se separan y llegan a odiarse. Transcurridos más de 60 años, han llegado a su vejez. Se han casado con otros hombres y después de tanto tiempo siguen odiándose profundamente. Todo cambia el día en que se dan cuenta que aquello a lo que jugaban de niñas no fue sólo una mera ficción. Se sorprenden a ellas mismas, y aún más a sus a sus parejas. Lo que marca la diferencia es que ya no son unos niños y consiguen aceptarse aunque haya choques y desacuerdos.

La lectura que propone Marie de Jongh es totalmente marcada y unívoca, con un trasfondo pedagógico potente y muy necesario. Si se ve el espectáculo se comprenderá por qué. Ellas consiguen alinearse con sus verdaderos sentimientos, y ellos aceptar, aunque a veces duela, los ajenos. El detalle final lo confirma: después de pasarse todo el tiempo matando moscas, una de las protagonistas decide a fin de cuentas dejarlas vivir. Si estamos en paz con nosotros mismos y con los demás conseguimos de una vez por todas ser felices. Conseguimos abrirnos a nuevas y bonitas oportunidades. Y nunca es tarde.

Desirée Oñate Ortega
@desireedesid_3

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