Una odisea agradable

Kassandra
Teatre de Salt, 20 d’octubre de 2018

Cuando uno va a ver Kassandra no sabe ni mucho menos lo que le espera. Comedia, fuerza, espontaneidad y grandes dosis de improvisación.

Elisabet Casanovas trae una actuación llena de vida. Intenta que el público esté siempre a su merced y lo consigue mediante una interpretación magnética la cual hace que cualquier movimiento se convierta en una pequeña sonrisa.

El problema llega cuando de repente la obra intenta poner un tono serio, en estos momentos caen en las risas nerviosas del público, que no entiende que está pasando. Hace un segundo estaban en el mismo plano que la protagonista en una comedia simpática y de repente, sin previo aviso, están dentro de una tragedia griega. Pero lo hacen prácticamente solos, ya que ni Elisabet, ni la dirección parecen querer ayudar en este viaje.

Pero la obra sabe bien sus flaquezas y sus fuerzas, lo cual le será de mucha ayuda para que su público no caiga en el sopor. Es difícil hacer que una obra tan larga se haga amena pero aquí, debido a esta comedia tan sencilla pero eficaz, y a un manejo del tempo más que sobresaliente, se consigue. No se hace larga en ningún momento y mantiene atento al espectador durante todo el trayecto con una risa siempre dispuesta.

Parece haber algún tipo de mensaje oculto para llevar la obra más allá a niveles de profundidad pero se siente muy forzado y fuera de lugar. Hay pequeños guiños a que la obra va más allá de lo que se ve pero no parece dar ninguna recompensa a intentar leer entre líneas.

Si alguien espera una reflexión interesante o algo que le estremezca el corazón se equivoca de obra. Si en cambio busca olvidarse de todo y pasar un buen rato puede que esta sea su obra perfecta.

Locamente simple, absurdamente eficaz.

Ángel Canto
@Hicanto

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