Apoteosis de delicadeza, con Amour

Amour
Teatre Municipal de Girona, 22 de febrer de 2018

Cuando los adultos observamos a los niños, a menudo, vemos en ellos aquella delicadeza inocente que ya perdimos y que nos gustaría que nuestro rostro pudiese reflejar de vez en cuando, aunque sea para que sintamos como nuestro corazón se acostumbra a sonreír ante un gesto tan puro.

En Amour, la compañía Marie de Jongh nos descubre el secreto para que los adultos veamos a través de otros adultos la delicadeza inocente que envidiamos de los más pequeños, sin que esos últimos sientan que les estamos despojando de algo que les es, ciertamente, exclusivo.

La compañía lo consigue en esta obra, dotando a los diferentes actores de máscaras poco expresivas, con una vestimenta transversal que prescinde de situar la obra en una línea temporal determinada; siendo la principal vía de comunicación, entre los personajes y el espectador, unos gestos corporales muy cuidados, expresados con gran finura, y que cogen gran relevancia ante la ausencia de expresiones faciales cambiantes.

En efecto, los cuatro personajes, dos hombres y dos mujeres, denotan a lo largo de toda la obra una compenetración muy necesaria para una representación de este calibre. Los dos hombres, dos hermanos gemelos, esconden su rostro bajo la misma máscara, mientras que las dos mujeres, con un papel más determinante en la obra, se nos presentan con máscaras ligeramente distintas, pudiendo parecer levemente más expresivas en comparación con sus compañeros de escena.

En cuanto a la historia, Amour es un relato que se centra en los efectos del tiempo sobre el amor: dos hermanos que se casan con dos mujeres que ya compartían sentimientos afectivos que el paso del tiempo pone en relieve, y eso, a pesar de la existencia de algunos episodios broncos entre ellas; episodios que se revelan, finalmente, como componentes indispensables de la resistencia del amor al paso del tiempo.

El relato es representado por unos actores que usan la mímica y los gestos para llegar a un público maravillado ante una escenografía que destaca por su (bella) simpleza, que se refuerza con una paleta de colores visualmente impecable y una música que sustituye un texto que se revela innecesario. Todo eso para decirnos, sin pronunciar ni una palabra, que cuando se trata de sentimientos ni el paso del tiempo, ni la falta de habla son obstáculos para seguir transmitiendo.

Aliou Diallo
@ali1al2a3

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